65 años

 localizando aguas aptas

Dos son las variables propias de cualquier agua subterránea que definen su aptitud para realizar riego. La primera es el peligro de salinidad que su uso implica, esta variable se mide a través de su conductividad eléctrica. La segunda variable es el peligro de alcalinidad sódica. La misma se evalúa a través de la cantidad relativa de sodio a adsorber (R.A.S.).

La tabla anexa (conocida como tabla de Riverside) muestra valores orientativos sobre la aptitud de aguas subterráneas para riego. Dicha tabla fue realizada en y para Estados Unidos. No existe en la actualidad una tabla de uso generalizado para nuestro país considerando nuestros climas y suelos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los valores de Riverside califican la aptitud del agua sin considerar otros factores tales como calidad de suelos (concentración sódica y salina actual), características del riego (suplementario o complementario), exigencias del cultivo, propiedades de los suelos respecto a la dinámica del agua (textura y estructura), clima regional, etc.

Las múltiples variables en juego deberán ser tomadas en cuenta a la hora de decidir si una muestra de agua en particular es apta o no, para realizar riego.

En zonas serranas o montañosas, donde la piedra constituye un problema a la hora de perforar, un estudio geoeléctrico permitirá determinar los sitios donde la misma esté ausente o a mayor profundidad, para así poder maximizar el caudal de la futura perforación.

Como práctica general siempre será aconsejable tomar muestras del suelo y del agua antes de comenzar a regar, repitiendo posteriormente los muestreos cada año para evaluar la evolución de la salinidad y alcalinidad de los mismos.

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